Me dan manija…
En 1984 hago mi primer viaje de casado y con mi mujer en el
B/M Río Negro II. Agarramos unos de esos viajes bien “perno” desde el punto de
vista turístico como buen Radio que se precie evaluaba.
Buenos Aires, Villa Constitución a cargar alambrón en
Acindar, Buenos Aires para cargar containers, NewYork para descargar los containers, Ft.
Lauderdale para descargar el alambrón y Dios sabría que nos iba deparar el pelado Soracco, jefe de Cargas Masivas para
el regreso.
Mientras navegábamos de subida salió la bajada: Tampa, full
cargo de diamonia fosfato destino NECOCHEA…
Como las estadías son inversamente proporcionales al interés
de los puertos, en Villa Constitución la gente del pueblo nos saludaba y en
Nueva York nos quedamos 6 horas después de casi 20 días de navegación.
El viaje con mi mujer zafaba porque estábamos recién casados
y estuvimos unos días en Florida entre Ft. Lauderdale y Tampa. En New York lo único
que pudimos hacer fue caminar por la5ta Avenida.
Hete aquí que en Ft. Lauderdale el Comisario, Gustavo Castro
tuvo un instante fatal que le costó clavícula y/u hombro y regresó con su
esposa en avión. De relevo vino el inefable Zalacaín y su extenso repertorio de
cuentos verdes, negros, rojos y unas ganas de vivir como pocos.
Zarpado que hubimos de Tampa después de dos días de carga,
10 horas de carga y el resto fue espera en muelle. ¡Inédito en ELMA! Fuimos navegando
alas procelosas aguas del nunca suficientemente mal ponderado Atlántico Sur.
Acá es importante destacar el momento histórico de la
Argentina con Alfonsín presidente y el Justicialismo en la oposición activa
representado por su rama sindical. El país era un bolonqui porque los muchachos
organizaron una sincronización de paros y trabajo a reglamento que ni la NASA
podría conseguir para que no funcionase nada.
Cuando terminaban de parar los apuntadores, lo hacían los
estiba, luego se turnaban los remolcadores, después los camioneros y cuando por
ahí coincidían unos 15 minutos de trabajo, la altura de marea no daba.
Así fue que fondeamos en la protegida rada de Necochea, consagrada al Dios Eolo, ya que no importaba
de donde soplara, nada te protegía.
Hasta los pronósticos eran un dolor de cabeza porque Pacheco
Radio, también estaban en resonancia y te daban turno pindonga para comunicar
por telefonía. Un lujo.
Así fue como en un redepente viene un pronóstico poco feliz
y empieza a soplar con ganas del
Sudeste. Levantamos fondeo a las 2000 hs con la galerna en fuerza 7 y el buque
cabeceando como si navegáramos.
Refrescaba (término náutico para definir que el viento
aumentaba) y como. Empezamos a navegar, capear, correr por la aleta entre Necochea y Mar del Plata viendo
donde virábamos para no cambiar la carta náutica por el mapa rutero.
Las olas eran cada vez más grandes. De golpe veías una masa de agua más alta que la altura del puente y a
los segundos teníamos el castillo de proa totalmente bajo agua. Cuando
finalmente la proa recordaba que pertenecía a un buque y no a un submarino, teníamos
una ola de un metro de proa a popa por la cubierta principal donde los
pontones de los entrepuentes estaban eficazmente trincados gracias al trabajo
eficiente de la tripulación de Cubierta.
Impresionaba ver la cresta de la ola arriba del puente de
señales y luego la sima metros y metros
más abajo. Podíamos cortar fierro del 12 con el tujes, pero eso sí serios como
perro en bote.
Así estuvimos toda la noche. Dormir imposible, un infierno.
Mi mujer se metió en la cama con un Dramamine y no se movió de ahí hasta que
calmó, salvo para ir al baño.
El primer cocinero tenía un problema en las piernas y el 2do
se hizo cargo, ya que el primero estaba en el camarote.
Anécdota: Dos marineros comían ávidamente tallarines, pasa
un tripulante, los ve y se empieza a reir a carcajadas.
“¿De qué te reís?”
“Hace un rato pasé por la cocina y los vi a los cocineros juntando los tallarines del piso porque en un bandazo se les fueron a la mierda todo. Espero que no sean esos.”
“Hace un rato pasé por la cocina y los vi a los cocineros juntando los tallarines del piso porque en un bandazo se les fueron a la mierda todo. Espero que no sean esos.”
Dos que hicieron dieta.
La única ventaja de semejantes pestos es que aparece todo lo
perdido y sabés todo lo que está mal estibado de tu camarote y/o puesto de
trabajo.
Laburando de pie, agarrado con una mano a un receptor y con
la otra transmitiendo o recibiendo. Todo atado y cerrado bajo llave.
El barómetro seguía bajando con un entusiasmo dijo de mejor
causa. A eso de las 0700 golpean la puerta del camarote, Ariel Canzani, el 1er
oficial: “Gordo venite que hay un buque pidiendo auxilio por telefonía”.
Empezando todo el procedimiento prendí los equipos y me fui
al puente y confirmé el pedido de auxilio por parte del Puentemar.
Rolábamos 30 grados a cada banda y el ángulo de corrimiento
de la carga era de 33 grados… seguíamos cortando fierros del 12
El pesto seguía fortaleciendo y la aguja del barógrafo
seguía bajando con entusiasmo.
Sintonicé el transmisor en 2.182 kHz y empecé a darles apoyo
radioeléctrico e informando a PNA en 4.125 kHz. Los Radios que estén leyendo
saben lo que significa cambiar de banda y resintonizar el transmisor para poder
comunicar.
Los muchachos de la PNA, me pidieron hasta el grupo sanguíneo
del perro del Armador y en partes jamás todo junto, los flacos del buque en
cuestión no tenía radio por eso todo era en telefonía. Algunos pensarán que es
mejor, yo no. Prefiero dar auxilio en telegrafía donde no trasuntan tanto las
emociones y ambos operadores son profesionales dedicados al tema, pero costos
es guita y abajo del buque el Jefe de Radio.
A eso de las 1400 la voy a ver a mi mujer y le transmito lo
referido por Ariel en ese momento: “Gordo, a partir de ahora todo mejora.”
“¿Si? ¿sube el barógrafo?”
“No, estamos en fuerza 12 (el máximo de la escala de
Beaufort) ya llegó al piso y no puede bajar más solo puede subir. No sé cuando”.
Sintetizando, seguimos zapateando otro día mas, el Puentemar
no tuvo más remedio que poner proa a la playa porque de los golpes que pegaba se
le descajetaron las tuberías de
lubricación y se quedaban sin potencia.
Se pegaron una barrenada a la altura de Claromecó que creo que les hicieron una multa por mal estacionamiento
en Tres Arroyos.
Los encontró un flaco con una enduro, estuvieron 24 horas
seguidas declarando en PNA. Nosotros seguimos unos cuantos días más fondeados,
cobramos el plus por fondeo. Nos mandaron a Buenos Aires, sin entrar a
Necochea, obvio, con huelga de remolcadores, cargados hasta el ojete con un
práctico de puerto que se hizo el que no nos podía entrar hasta que en el
almuerzo nuestras caras y nuestro humor le indicaron que no era una sana ni
sabia decisión.
Entramos con un remolcador de movimiento de chatas en el
puerto poco más grande que una lancha de amarradores.
Le apuntó al muelle, tocamos en el barro del fondo, le dio
toda adelante y el buque se movía muy poco hasta que el Capi, Ruggiero, viendo
que estábamos a unos 4 – 5 mts del muelle lo llama al 3ro y le pregunta:
“Pibe, ¿llega la planchada?”
“Si, Capi. Llega”
“Posición” dijo el Capi y así llegamos a tierra después de
40 días interminables días.
A medida que nos descargaban iban tensando las amarras
llegando a la distancia habitual.
Francisco: Me leítu blog de un tirón y quería agradecerte el rato.
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