sábado, 20 de diciembre de 2014

Faros




Faros luces de vida, 
que solo quieren evitar muertes. 

Luces aisladas,
cuidadas por hombres
sin temor al mayor desafío: 
el de la soledad buscada. 

Luces para hombres de mar
que a tierra no quieren llegar 
de forma abrupta, tensa e insospechada. 

Refugios de vida para navegantes que 
con agradecimiento y distancia 
siguen su rumbo en paz 
a su designado destino.

martes, 18 de noviembre de 2014

Dirigentes

Pasa el tiempo y cada vez el espanto me acosa al ver la conducta de nuestros dirigentes, en especial los dirigentes políticos.

¿Qué condiciones debería tener un dirigente político?
según mi buen saber y entender, la lista será extensa pero no excluyente:

  • Preocuparse por el prójimo.
  • Conectarse con la realidad de la gente, no con la realidad virtual de la política.
  • Consciente que tiene que realizar en beneficio de la comunidad en general y no la comunidad de su entorno.
  • Honesto.
  • Tiene que saber escuchar para entender
  • Tiene que saber delegar.
  • Honesto
  • Justo
  • Saber que su vida es corta pero el de una Nación debe ser larga.
  • Hacer para construir
  • Capaz de criticarse
  • Capaz de reaccionar para corregir sus errores.
  • Asumirlos
  • Honesto
  • Honesto intelectualmente
  • Capacitado
  • Con don de gente
  • Capaz de correrse cuando llegue su momento
  • Educador 
  • Formador
  • Honesto
  • Que se rodee con gente de su confianza pero que esté capacitada para la tarea
  • No amilanarse ante la adversidad
  • Saber aprovechar el momento
  • Honesto.

viernes, 14 de noviembre de 2014

A pedido de curiosos

Año 1984.
Recién casado, ya llevaba tres años en los buques como Radio. Primer viaje con mi esposa como “familiar acompañante”. B/M “Río Negro II”. Destino USA: Buenos Aires, Villa Constitución (casi nos dan domicilio ahí) carga de alambrón para Ft. Lauderdale. Faaa! un lugar de primera, previa escala en Santos, -un clásico-, NYC. Claro que las estadías son inversamente proporcionales al interés de los puertos, ergo Villa Constitución 10 días, NYC 6 horas. Insuperable.
El caso es que fuimos y volvimos, pero volvimos con una carga de diamonia fosfato, fertilizante a granel, cargados hasta el occipucio y el puerto de descarga era Quequén. Quequén tiene una rada que está protegida de ningún viento. Es decir, dos gaviotas se tiran dos peditos y ahí estás bailando a lo pavote. Para pior el escenario político de ese momento era siniestro. Alfonsín, radical, ganó inesperadamente la presidencia de la Nación, gracias a las hábiles manifestaciones y la quema de un ataúd en la 9 de Julio, unos días antes de las elecciones en el acto de cierre de campaña. Italo Luder agradecido pero el resto del pueblo peronista, no lo estaba. Ergo al Fonsi le hacían huelga hasta los teros.
En ese patético escenario políticos sindical nos encontrábamos inmersos frente a Necochea hasta que la Madre Naturaleza no desperdició la oportunidad y, en Abril de 1984, se armó un pesto de la reputísima madre.
Para que los viejos memoriosos liberen de telarañas sus recuerdos, el Río de la Plata se secó, los buques en el puerto de Buenos Aires quedaron apoyados en el fondo, sin agua, lo que obligó a apagarlos e infinidad de marineros de agua dulce y algo salada del Río de la Plata ubicaron donde estaban gran cantidad de cascos hundidos porque, salvo por el cruce de dos canales de navegación se podía ir caminando hasta la Patria del Pepe Mugica y eso los puso en evidencia. Me acuerdo que las boyas de un casco que se llamaba Norma Mabel estaban en cualquier menos donde estaba el peligro para la navegación.


Ahí estábamos nosotros, gallardos con el Río Negro II fondeados en la “rada” de Quequén. Por la tarde recibo el pronóstico meteorológico: una mierda. Se venía un pesto de esos.
Amablemente le comunico al Capitán y, lógicamente, a mi esposa que iba a sufrir el baile que se venía. Para referencia de quienes no la conocen, si ella no maneja el automóvil, se marea en la ciudad. Por lo tanto, venía pesado.


A eso de las 1930 hs ya estábamos navegando pese a estar fondeados. Es decir, el buque se movía como si estuviésemos navegando a toda máquina. En ese momento, la fuerza del viento era 7 en la Escala Beaufort (googleen y aprendan) que es el inicio de la tormenta.


Allá salimos, mar afuera a capear el temporal que se venía. El pesto se incrementaba hora tras hora mientras la aguja del barógrafo, bajaba y bajaba, hora tras ahora. Se siente un cierto frunce en el centro de ojete pero a”Mal tiempo, buena cara".
La vida a bordo se hace difícil, muy difícil. Empezás a guardar todo lo que estaba suelto, se ponen los chalecos salvavidas debajo de uno de los costados del colchón para dormir trabado contra el mamparo, se atan las sillas. Se camina con cuidado bajo el moto de “una mano para vos, otra mano para el barco”. Ducharse es necesario pero absolutamente complicado. Contra un mamparo, esperás que la ducha vuelva hacia vos para mojarte o enjuagarte, ya que te enjabonaste mientras la lluvia caía en el costado del cubículo y lavaba íntegramente el inodoro.


Aparecen todas las cosas que estaban perdidas, las sacudidas, el cabeceo, sentido proa/popa,  el rolido de babor a estribor y viceversa, transforma al buque en una licuadora gigante.


Se come con los manteles mojados para que los platos, cubiertos y vasos no corran, lo que es muy desagradable al tacto.
Si la cosa se pone muy fulera, la táctica de alimentación es cortar bifes, colocarlos en la heladera y cada tripulante va a la cocina y se lo prepara sosteniendo el bife con un tenedor para que no se piante de la plancha.


Las maniobras en tormenta son “correr” el temporal que es ponerle la popa y dejar que te lleve, quien sabe a donde o “capear” que es ponerle proa al temporal y tratar de mantenerse en el mismo sitio o avanzar muy poco. Esta maniobra es la que se hace cuando a tu popa tenés costa, es decir peligro.


Esa noche, fue un infierno y a las 6 de la mañana siento golpes en la puerta del camarote: un buque más chico sin Jefe de Radio pedía auxilio por radiotelefonía. En ese momento el auxilio se encaminaba por un oficial de radiocomunicaciones por telegrafía que es más efectiva para recibir en situaciones adversas, El buque era el Puentemar. Ahí había amigos.


Prefectura no escuchaba la buque que transmitía en una frecuencia de poco alcance, así que me tocó realizar toda  la operación de auxilio para ellos, transmitiendo y retransmitiendo a la PNA todos los datos, burocráticos, que solicitaban.
El pesto se incrementaba y al mediodía llegamos a fuerza 12, el máximo. El Puentemar golpeando contra el agua, pantocazos, perdía potencia porque se descogotaban conductos de lubricación del motor principal. Haciéndola corta a eso de las 1400 hs pusieron proa a la playa a la altura de Claromecó. Casi les hacen una multa por mal estacionamiento en Tres Arroyos…


Mientras tanto, nosotros con el Ro Negro II, veníamos zurciendo la carta náutica, yendo de un lado a otro para soportar el temporal.
La proa se metía en la ola y toda la proa, el castillo, porque está más elevado que el resto de la cubierta principal, desaparecía bajo el agua. El buque con la hélice casi en el aire vibraba y todos nosotros, rezando y puteando para que el buque no siguiera viaje como el Sea view. “¡Salí, hijo de puta, salí!. El agua venía por cubierta con un metro de altura. Sobre la cubierta teníamos unos enormes pontones que forman en partes, una especie de entrepiso en la bodega para aumentar la superficie de carga, que se denomina entrepuente. Estaban ahí trincados (amarrados), soportando el embate del agua que venía con toda su potencia. Nosotros mirando en que estado estaba la trinca de los mismos, rezando que no zafara y que ninguno de esos pontones fuese al agua. El riesgo era que suelto en el agua, golpease el casco, nos hiciera un rumbo (agujero) y nos fuéramos a pique. El agua que no venía por cubierto era porque era lanzada hacia la popa cuando la proa del buque subía con toda su fortaleza cayendo más allá a unos 200 mts de su plataforma de lanzamiento. Fea sensación, el buque rolaba 30° a cada banda y el ángulo de corrimiento de la diamonia fosfato era de 33°, ahicito nomás, como para terminar vuelta campana.
Dos días fueron así, considerábamos calma cuando soplaban 70 km/h.
Así es, en parte, la aventura marítima.

Inolvidable.

Ah, la primavera..

Ah, maravillosa primavera, los días se alargan, salís del laburo y hay luz del sol. Llegan las lluvias, huy, me mojo, no traje paraguas. ¿Para qué? si lo pierdo siempre. Las plantas florecen con los primeros calores después del largo invierno, las mujeres también florecen. Huy, también los hongos de los pies, paso por la farmacia para el antimicótico... Si y junto con las flores aparece el polen, y las alergias, los ojos irritados, la congestión de la puta madre, pero es primavera. Ah, ¿qué es el Niño? ajá y va a llover como la puta madre, ajá. Bueno, pero las mujeres están fantásticas. Si, ya sé el viento y los plátanos que hizo plantar Sarmiento a Thays, se meten por todas partes. Si, si en el auto. Es cierto, prendés la ventilación y las siguientes dos cuadras, estornudás y escupís pelusa como un pelotudo. Te volvés a congestionar,.. ma sí dejensé de joder con la primavera...

martes, 4 de noviembre de 2014

Forzada introspección

Vivir en una gran ciudad como Buenos Aires implica estar rodeado de todo tipo de ruidos, música, gritos, charlas que nos acompañan por este camino.
Es considerada una ciudad muy ruidosa en el mundo. Los turistas europeos dan lugar a esta observación cuando llegan. De hecho el marcado por voz de los celulares en Buenos Aires fue un fracaso por el ruido de fondo.
Nosotros, que vivimos inmersos en esta metrópoli, no nos percatamos de esa auditiva realidad hasta que perdemos su inquieta compañía, ya fuese por traslado, ya fuese por  discapacidad momentánea o permanente.
En mi caso, entiendo que es discapacidad transitoria debido a una fuerte otitis.
Empezó con el bloqueo de un oído, siguió con el del otro. Todo pierde trascendencia, todo se aleja de uno al tener ese filtro colocado por la infección.
Estás más aislado, más recluido, más propenso a escuchar tus propios ruidos, . Casi desconocidos son los ruidos de tu respiración, los de tus latidos, los de tus intestinos, las mandíbulas que generan presiones y depresiones, la sangre que fluye potente por tus arterias, el ritmo que cambia con la ansiedad o la calma, la sensación de una nube que te abraza pero no te abrasa.
¿Qué se siente, qué se pierde, qué se gana al disminuir una capacidad de relevar sensaciones?
Se gana en escucharse más que en escuchar, como cambia la voz propia y la de los demás. Se oye que la vida fluye, se piensa en como aprovechar lo que queda para vivir mejor, para brindar más hacia los demás. Se descubren capacidades, errores, faltas, soledades y compañías.
Se aprende a vivir de otro modo, pero eso está en cada uno y en lo que cada uno quiera escuchar para sí y por si mismo.

Conectarse con uno en una meditación ayuda a entender más, a preguntarse más y a buscar más respuestas. No debería ser forzada o inevitable, como en este caso, si no sistemática y reparadora.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mala noche

Mala noche
Ya la noche anterior había sido mala. ¡Quién sabe por qué motivo!, dormí poco, muy poco. A las 4 de la madrugada me desperté y hasta las 5 no pude volver a cerrar los ojos.
La mañana, que indefectiblemente empieza a las 7, me brindó la sensación, visual en este caso, de la inseguridad. Sin dudas es una sensación. En esa madrugada pese a que está justo enfrente de mi ventana, que estaba abierta reventaron la puerta de vidrio de la heladería frente a casa, un monitor, una balanza digital y una caja de cucuruchos fue el balance inicial de lo robado. El dueño juntando los vidrios, llamando al proveedor.
Fui a trabajar pero con una angustia importante, fui y regresé en auto para hacer más rápido, no me banco las esperas, las incertidumbres de los horarios de los medios de transporte público. Siempre expuestos a la voluntad de otros que no se someten a ningún compromiso por los demás.
Llegué temprano a casa, siempre acompañado de una tensión similar a la de vigilia del combate. Adrenalina en la sangre, el corazón a mil, una opresión leve en pecho, gases, esos malditos gases que no paran de traerme problemas. Me fui a la cama a las 22 hs, muy temprano para mi costumbre. Lo necesitaba.
Me desperté sobresaltado cuando mi esposa llegó al dormitorio. Me preguntó si me molestaba que viese TV, hecho que no objeté. El volumen estaba más fuerte en mis oídos, sensibles más que nunca. Me fui al otro cuarto. La lluvia golpeaba muy fuerte el techo de chapa, la tensión seguía ahí presente.
En el medio de la noche, saltó la alarma con estridencia, recorro más que sobresaltado. Todo bien. Reconecto la alarma y al rato, nuevamente.
Mal, muy mal me quedé, velando la madrugada, dormitando como hace 32 años, en las islas.
No me dio para ir a trabajar. En un amaine del temporal salí a la terraza a verificar si había sido una rama quien hizo disparar la alarma.
Así fue, una rama frente al sensor bien movediza. Regresé a mi taller, busqué el khukri y con él empecé mi tarea de podar a golpe limpio con ese cuchillo Gurkha que es casi un machete.
Liberé el sensor y liberé mi tensión bajo la lluvia, macheteando. Ahora estoy más relajado, agotado pero necesitado de escribir, de contar.
Me bañé y acá estoy con ganas de descansar.
Mala noche, espero que la próxima no lo sea.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Pacífico

Sin percatarme de la magnitud de lo que viviría,
llegué al Pacífico una vez más.
Del otro lado, en la otra orilla,
casi dando la vuelta al mundo al ver tu morada,
desde la última vez que estuve en el Pacífico.

Hoy pisé sus orillas, ayer navegué sus aguas,
muy lejos de acá, donde los hombres hablan
en un idioma en el que no se llama Pacífico.

Capitán de Tierra fue tu propia designación y
jugando como hombre,
coleccionaste espacios, copas, diablos y mascarones,.
amores, amigos, casas, odas y cantares
que te llevaban a navegar por otras latitudes.
No de esta tierra si no las de tu mente,

Compartiste espacios y tiempo,
recorriste el mundo en sus cuatro dimensiones
llevándonos de la mano para tenerte siempre vivo

Buscaste tu lugar en el mundo y ahí en ese lugar,
me reencontré con el Pacífico.

Tu que pensaste en que
nunca más despertarías.
Estás junto a tu amada.
A tus pies, el Pacífico.
Ese Pacífico incansable
que truena y retruena
tratando de revivir a esos amantes
para que gocen
su profundo verde,
y su grueso resonar
ahí nomás, cerca de la orilla.

Los llama incansablemente
para toda la eternidad o hasta que dure.
Sin pausa, con murmullos o vozarrón
porque sabe de tu poesía y de tu amor por él.
ahí en Isla Negra que no es isla, ni es negra.

Es todo vida, es todo pasión.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Rutina

Día de trabajo, sigue la rutina de la semana. Levantarse, bañarse, desayunar, vestirse... a veces rápido, a veces más tranquilamente. La rutina de ir al trabajo es prácticamente la misma, pero un hecho trascendente en mi vida permite desempolvar un viejo y degustado placer: Leer y no tener que estudiar.
La diferencia no es sutil, es clara. Leer, implica elección. Elección de momentos, elección de textos. Tener que estudiar es utilizar todo el tiempo "libre" de trabajo, con textos dirigidos, con plazos, con ejercicios, prácticas, reiteraciones y obtención de resultados.
Leer, por el placer de leer es permitir que la mente vuele, sumergirse en escenarios diversos, en tiempos y épocas distintas. Armar visualmente con la imaginación, o con Maps Google, el escenario que el autor menciona o describe, sin que sea una película. Conocer otras culturas, otras formas de vivir, otra valorización de las ideas, de las cosas. Leer es aprender a querer o a odiar otros personajes, reales, virtuales, inspirados en reales o como fuere, pero que nunca se materializan sino que se arman en nuestra mente, con los rostros y expresiones, conductas y actitudes que los autores describen y podemos armar. Forman parte de nuestras vivencias concretas, aunque sean virtuales.
Leer puede ser releer y releer puede ser igual a un reencuentro de alguien a quien hace mucho no se veía y que ese deseado reencuentro nos transporta a otra parte de nuestra vida.

Ahora bien:¿qué leer? Podemos elegir en una librería, tranquilamente, iniciando una búsqueda pertinaz. Quizás, tomemos prestados libros de otros, aunque los libros son seres sensibles que cuando los prestan, se ofenden y no regresan. Informarnos en programas culturales de radio y televisión, suplementos del mismo tenor en diarios y revistas. Se buscan emociones, intrigas, romances, acciones pero sobre todo viajar, viajar a otras vidas

Una amiga, tiene otro tipo de referente. Un pasajero. Si, un pasajero del tren. Alguien con quien comparte anónimamente una parte de su vida. El viaje de ida hacia el trabajo en tren. Treinta minutos que se viven de muchas maneras, algunos aburriéndose y  apretujados, otros ensordeciendose con los auriculares escuchando una radio o música en un fantástico MP3, malabaristas leyendo el diario con habilidad para no desplegar incautamente semejante papel, otros mirando por la ventana o  dormitando, quizás chusmeando a los demás, imaginando en que trabajan, que hablan, que discuten o, como hace mi amiga, observando a un lector consuetudinario, dedicado, consecuente y constante. Alguien que lee con fruición, textos varios, novelas, cuentos.
Alguien que por la mañana, sale antes de su casa para sentarse en un agradable mañana en un banco de plaza en unos de esos rincones que Buenos Aires nos ofrece y que deberíamos saber aprovechar con mayor frecuencia, antes de subir al tren para seguir su concentrada lectura, transportado en varias dimensiones en forma simultánea.
"Lo vi leyendo, siempre leyendo. Alto, pelo largo, algunas canas, concentrado en su lectura. Se lo ve feliz mientras lee. Alguien que lee así, obligadamente debe elegir con cuidado. El desafío es saber ¿qué lee?”
Así es como minuciosamente se recogen fragmentos de títulos y autores de libros, si es que no se puede ver la tapa libremente y como en una grilla de palabras cruzadas se busca en la Web para llenar los espacios faltantes.
Es un buen referente, no lo perderemos.

¿Para qué lo encontré?


Eso se preguntaba.
Tenía pensamientos encontrados, quería aferrarlos, aunque no sabía bien porque, más adelante esa decisión le complicaría su vida interior.

No quería victimizarse pero se sentía mal y trataba de tomar una decisión que le asegurara tranquilidad espiritual. Imposible deseo de cumplir, cualquiera fuese el camino que eligiera.
La dureza  de lo conversado lo noqueaba una vez más.
Nadie entiende que todos los días se pelea, pero no contra los demás. Es contra los recuerdos, las vivencias, los pensamientos de toma de conciencia de la inutilidad de lo hecho, para los demás, de lo que a él le marcó a fuego la vida. Tomar conciencia que lo que vivió no le interesa a nadie, salvo por las consecuencias negativas que pueda generar en su relación personal con ellos, le aflojaba las rodillas.
No se sentía nada bien, quería dormir profundamente, prolongadamente. Pensar en como terminar de sacarse una terrible mochila que parecía soldada al cuerpo o, mejor dicho, a la mente.
Es muy duro, volver a tomar conciencia, que lo que hiciste es intrascendente para demasiados que no lo vivieron. Te pega en la mandíbula como un cross de Tyson.
El golpe de remate era la verdad de lo dicho.

lunes, 23 de junio de 2014

Algo va a salir

Constipado Flores vivía de sufrimiento en sufrimiento. Llevando en sí, una carga genética familiar, padecía cada mañana la certeza de su nombre.
La sabiduría de su padre, de familia oriental (de la Banda Oriental, no un chinito del otro lado del mundo) trasladado a estas pampas era reflejo de su propia experiencia y por eso la razón del nombre de su párvulo.
El párvulo, el susodicho Constipado, se transformó en hombre a fuerza de años y constipaciones.
No importaba cual fuese su alimentación, que en algunos casos conocidos y urgentes, hubiesen generado reacciones en usuarios de intestinos de respuesta standard que hubiesen superado la velocidad del cheetah hembra en cacería, y que a aquellos de tránsito ágil los hubiera hecho romper la barrera del sonido.
¡Válgame Dios!, era su letanía matutina apenas sentía algún indicio de motilidad intestinal. La certeza del próximo padecimiento lo atormentaba mientras resignado, que debería haber sido su segundo nombre, se dirigía al mal llamado trono, ya que para él era equivalente a la silla del garrote vil.
La paradoja del hecho es que, para poder conseguir el objetivo deseado, necesitaba concentrarse. El silencio debía ser profundo. Era por eso que muchas veces esperaba a que nadie quedase en casa para no tener que luchar contra otro elemento además de su maldito intestino grueso.
Al primer atisbo de inicio de evacuación, las características propias de aquellos que calificaban en la categoría que había originado su nombre, lo distraían de tal íntima tarea.

Una sensación de impotencia ante la reiterada ocasión, lo sacudía internamente. Impotente de resolverlo por propia fuerza, ya que hacer fuerza le hacía lagrimar las entrañas y tenía dolorosas y prolongadas experiencias.
En su sabiduría de sentada y sentida experiencia,deseaba poder mover su intestino anestesiado.
Las lágrimas de los ojos eran acompañadas por lágrimas de sangre que recolectaba pacientemente el inodoro. Con la malva en un hato, la tenía cerquita del bidet, quien ya tenía marcadas las aperturas de las dos canillas para una mezcla correcta y aliviadora de su pobre caño de escape.
Así transcurría su primer tercio de la mañana, sentado esperanzado en que el sufrimiento fuese leve y corto. No siempre su intestino lo acompañaba en tal esperanza. Eso si, amplió sus conocimientos porque entre tanda y tanda leía ávidamente como para transportarse a otras situaciones y olvidarse de lo que acontecía en su sentada y sentida realidad.

Esta mañana venía particularmente complicada, después de varios días de franca constipación, Constipado sintió el retortijón del despertar de su intestino grueso. sintió como si estuviese desperezándose un oso dentro de su abdomen.
La cosa venía dura. Literalmente. Había que ponerle el pecho a las balas y el tujes... a lo que tenía que salir ...



miércoles, 11 de junio de 2014

Moderación Acuña

Hijo de Don Prudencio y Doña Resurrección, había nacido en la campiña de la Banda Oriental. Familia de vieja data en la zona sus integrantes eran medidos y respetuosos de los demás, todo lo hacían en la forma adecuada. Ni muy poco, ni muy mucho, lo justo, siempre prudente y moderado. 
No era familia de altibajos ni marcadas oscilaciones, todos parejitos en su conducta, y en su altura que por ser, obviamente moderada, no eran reconocidos por ella, ni tampoco por petisos.
Curiosamente, Moderación, el tercero de los hijos de Don Prudencio y Doña Resurrección, casi el último de los 4 hijos que tuvieron, como si hubiese sido una advertencia de Resurrección a Prudencio, había encontrado una veta interesante en el pueblo del departamento de Durazno, en el centro de la campaña Oriental.
Resultó ser que el médico del pueblo era un hombre no demasiado propenso a los excesos. Se le asignaba un parentesco lejano con los Acuña.Don Eleuterio Espinosa, médico de familia, cuidaba con mucha dedicación a sus pacientes. 
En ese pago y en esa época, no había hospital próximo  como para llegar en poco tiempo cuando se producía una emergencia o una dolencia grave, así que el Dr. era particularmente dedicado, con perspicaz motivo, a la prevención. “Cuídese, don Washington, hay que ser moderado en las comidas”, decía el galeno. Como en pueblo chico, el infierno es grande, el Dr. Eleuterio Espinosa se enteraba de todo y guay de aquel que le mintiese.

En un pueblo en el medio del campo a mediados del siglo XX, muchas cosas para divertirse en sano esparcimiento no le había. De ahí que pululasen varios boliches en el pueblo donde se jugaba a las cartas, algún garito clandestino y un par de reñideros de gallos que  matizaban el tiempo libre de los hombres en el pago del Yí.
Sabido es que ninguna de esas actividades se hacía con riesgo de deshidratarse, por ello el alcohol corría, con cierta desmesura, en dichos antros de perdición, según la definición del único cura católico en decenas de kms a la redonda. Inocultable es la tendencia poco clerical de los hermanos Orientales con lo que mucha atención al cura, no le daban.
Eso si, al Dr. Eleuterio, difícil era esquivarle el bulto porque la próxima visita a su consultorio, si te encontraba en un renuncio, la consulta se ponía como su apellido: Espinosa.

Pacientes pícaros hay en todas partes, pero este en especial, era creativo. Como se hizo un pacto de silencio al respecto, obviaremos su nombre en este breve relato.
El caso es que se difundió la idea y varios parroquianos, aprovechaban la visita de Moderación a los boliches y lo invitaban a su mesa. Pasaba así el aburrimiento pueblerino entre copa y copa.
Así, en la visita al consultorio, Eleuterio Espinosa recibía de muchos de sus pacientes, con sincera verdad, siempre la misma respuesta: “Doctor: Alcohol siempre con Moderación...”

miércoles, 2 de abril de 2014

Disgresiones de un mal día (viejo y reencontrado)

Malditos los momentos de meditación,
ya que me doy cuenta de mi dimensión humana,
que no es lo mismo que mi  humana dimensión.

Maldito el momento en que a alguien se le ocurrió,
que el trabajo era el castigo por el pecado original, porque es cierto.
Maldito el momento en el que no me dí cuenta
que la oportunidad pasaba ya que,
todo se revierte, salvo el transcurso del tiempo.

miércoles, 8 de enero de 2014

Inevitable

La vida es inevitable.
Una vez que se inició, corta, larga,
dura o beneficiada, nada importa
para merecerla.
Bendito aquel que puede expresar lo que vive,
bendito aquel que agradece en toda circunstancia,
bendito aquel que sirve a los demás.
La muerte es postergable, la vida no.

sábado, 4 de enero de 2014

Who knows?

No sé porque maldito misterio, cada vez que entro en la cocina pienso en dónde me gustaría vivir. La realidad es que en un balance general, me gusta vivir en Buenos Aires. Tampoco sé porque siempre me viene a la mente vivir en Cafayate, lugar encantador, si los hay, en el mundo. No puedo dejar de pensar en esa imagen que tengo de las montañas nevadas en julio vistas desde la  playa de estacionamiento de la hostería del ACA en esa localidad. El cielo cristalino, la fresca mañana, eran una combinación majestuosa, pero me gusta Buenos Aires... No me banco el Centro, ni Belgrano, no hablemos de Caballito, que para mi está lejos de todo porque es imposible circular. Amo mi Vicente López y agradezco a Nieto Senetiner que me permite soltarme, en mente y manos, para escribir, fluidamente, lo que siento, no solo en este momento, si no cada mañana cuando voy a preparar el desayuno, momento en el que estoy "high spirit" aunque sea lunes.
¡Ay, Dios mío!, me dicen que el trabajo dignifica, pero mi espíritu significa que hay tantas cosas más interesantes y más divertidas para hacer con prioridad. Trabajar y cobrar mi salario es lo que permite que nos comuniquemos, mi mecenas porque me permite pagar Internet, que es el medio por el que nos conectamos, Uds. lectores, conmigo, mero martillador de teclas buscando un significado.
¡Viva Enero! único mes del año donde Beunos Aires es más humano.