miércoles, 29 de octubre de 2014

Mala noche

Mala noche
Ya la noche anterior había sido mala. ¡Quién sabe por qué motivo!, dormí poco, muy poco. A las 4 de la madrugada me desperté y hasta las 5 no pude volver a cerrar los ojos.
La mañana, que indefectiblemente empieza a las 7, me brindó la sensación, visual en este caso, de la inseguridad. Sin dudas es una sensación. En esa madrugada pese a que está justo enfrente de mi ventana, que estaba abierta reventaron la puerta de vidrio de la heladería frente a casa, un monitor, una balanza digital y una caja de cucuruchos fue el balance inicial de lo robado. El dueño juntando los vidrios, llamando al proveedor.
Fui a trabajar pero con una angustia importante, fui y regresé en auto para hacer más rápido, no me banco las esperas, las incertidumbres de los horarios de los medios de transporte público. Siempre expuestos a la voluntad de otros que no se someten a ningún compromiso por los demás.
Llegué temprano a casa, siempre acompañado de una tensión similar a la de vigilia del combate. Adrenalina en la sangre, el corazón a mil, una opresión leve en pecho, gases, esos malditos gases que no paran de traerme problemas. Me fui a la cama a las 22 hs, muy temprano para mi costumbre. Lo necesitaba.
Me desperté sobresaltado cuando mi esposa llegó al dormitorio. Me preguntó si me molestaba que viese TV, hecho que no objeté. El volumen estaba más fuerte en mis oídos, sensibles más que nunca. Me fui al otro cuarto. La lluvia golpeaba muy fuerte el techo de chapa, la tensión seguía ahí presente.
En el medio de la noche, saltó la alarma con estridencia, recorro más que sobresaltado. Todo bien. Reconecto la alarma y al rato, nuevamente.
Mal, muy mal me quedé, velando la madrugada, dormitando como hace 32 años, en las islas.
No me dio para ir a trabajar. En un amaine del temporal salí a la terraza a verificar si había sido una rama quien hizo disparar la alarma.
Así fue, una rama frente al sensor bien movediza. Regresé a mi taller, busqué el khukri y con él empecé mi tarea de podar a golpe limpio con ese cuchillo Gurkha que es casi un machete.
Liberé el sensor y liberé mi tensión bajo la lluvia, macheteando. Ahora estoy más relajado, agotado pero necesitado de escribir, de contar.
Me bañé y acá estoy con ganas de descansar.
Mala noche, espero que la próxima no lo sea.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Pacífico

Sin percatarme de la magnitud de lo que viviría,
llegué al Pacífico una vez más.
Del otro lado, en la otra orilla,
casi dando la vuelta al mundo al ver tu morada,
desde la última vez que estuve en el Pacífico.

Hoy pisé sus orillas, ayer navegué sus aguas,
muy lejos de acá, donde los hombres hablan
en un idioma en el que no se llama Pacífico.

Capitán de Tierra fue tu propia designación y
jugando como hombre,
coleccionaste espacios, copas, diablos y mascarones,.
amores, amigos, casas, odas y cantares
que te llevaban a navegar por otras latitudes.
No de esta tierra si no las de tu mente,

Compartiste espacios y tiempo,
recorriste el mundo en sus cuatro dimensiones
llevándonos de la mano para tenerte siempre vivo

Buscaste tu lugar en el mundo y ahí en ese lugar,
me reencontré con el Pacífico.

Tu que pensaste en que
nunca más despertarías.
Estás junto a tu amada.
A tus pies, el Pacífico.
Ese Pacífico incansable
que truena y retruena
tratando de revivir a esos amantes
para que gocen
su profundo verde,
y su grueso resonar
ahí nomás, cerca de la orilla.

Los llama incansablemente
para toda la eternidad o hasta que dure.
Sin pausa, con murmullos o vozarrón
porque sabe de tu poesía y de tu amor por él.
ahí en Isla Negra que no es isla, ni es negra.

Es todo vida, es todo pasión.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Rutina

Día de trabajo, sigue la rutina de la semana. Levantarse, bañarse, desayunar, vestirse... a veces rápido, a veces más tranquilamente. La rutina de ir al trabajo es prácticamente la misma, pero un hecho trascendente en mi vida permite desempolvar un viejo y degustado placer: Leer y no tener que estudiar.
La diferencia no es sutil, es clara. Leer, implica elección. Elección de momentos, elección de textos. Tener que estudiar es utilizar todo el tiempo "libre" de trabajo, con textos dirigidos, con plazos, con ejercicios, prácticas, reiteraciones y obtención de resultados.
Leer, por el placer de leer es permitir que la mente vuele, sumergirse en escenarios diversos, en tiempos y épocas distintas. Armar visualmente con la imaginación, o con Maps Google, el escenario que el autor menciona o describe, sin que sea una película. Conocer otras culturas, otras formas de vivir, otra valorización de las ideas, de las cosas. Leer es aprender a querer o a odiar otros personajes, reales, virtuales, inspirados en reales o como fuere, pero que nunca se materializan sino que se arman en nuestra mente, con los rostros y expresiones, conductas y actitudes que los autores describen y podemos armar. Forman parte de nuestras vivencias concretas, aunque sean virtuales.
Leer puede ser releer y releer puede ser igual a un reencuentro de alguien a quien hace mucho no se veía y que ese deseado reencuentro nos transporta a otra parte de nuestra vida.

Ahora bien:¿qué leer? Podemos elegir en una librería, tranquilamente, iniciando una búsqueda pertinaz. Quizás, tomemos prestados libros de otros, aunque los libros son seres sensibles que cuando los prestan, se ofenden y no regresan. Informarnos en programas culturales de radio y televisión, suplementos del mismo tenor en diarios y revistas. Se buscan emociones, intrigas, romances, acciones pero sobre todo viajar, viajar a otras vidas

Una amiga, tiene otro tipo de referente. Un pasajero. Si, un pasajero del tren. Alguien con quien comparte anónimamente una parte de su vida. El viaje de ida hacia el trabajo en tren. Treinta minutos que se viven de muchas maneras, algunos aburriéndose y  apretujados, otros ensordeciendose con los auriculares escuchando una radio o música en un fantástico MP3, malabaristas leyendo el diario con habilidad para no desplegar incautamente semejante papel, otros mirando por la ventana o  dormitando, quizás chusmeando a los demás, imaginando en que trabajan, que hablan, que discuten o, como hace mi amiga, observando a un lector consuetudinario, dedicado, consecuente y constante. Alguien que lee con fruición, textos varios, novelas, cuentos.
Alguien que por la mañana, sale antes de su casa para sentarse en un agradable mañana en un banco de plaza en unos de esos rincones que Buenos Aires nos ofrece y que deberíamos saber aprovechar con mayor frecuencia, antes de subir al tren para seguir su concentrada lectura, transportado en varias dimensiones en forma simultánea.
"Lo vi leyendo, siempre leyendo. Alto, pelo largo, algunas canas, concentrado en su lectura. Se lo ve feliz mientras lee. Alguien que lee así, obligadamente debe elegir con cuidado. El desafío es saber ¿qué lee?”
Así es como minuciosamente se recogen fragmentos de títulos y autores de libros, si es que no se puede ver la tapa libremente y como en una grilla de palabras cruzadas se busca en la Web para llenar los espacios faltantes.
Es un buen referente, no lo perderemos.

¿Para qué lo encontré?


Eso se preguntaba.
Tenía pensamientos encontrados, quería aferrarlos, aunque no sabía bien porque, más adelante esa decisión le complicaría su vida interior.

No quería victimizarse pero se sentía mal y trataba de tomar una decisión que le asegurara tranquilidad espiritual. Imposible deseo de cumplir, cualquiera fuese el camino que eligiera.
La dureza  de lo conversado lo noqueaba una vez más.
Nadie entiende que todos los días se pelea, pero no contra los demás. Es contra los recuerdos, las vivencias, los pensamientos de toma de conciencia de la inutilidad de lo hecho, para los demás, de lo que a él le marcó a fuego la vida. Tomar conciencia que lo que vivió no le interesa a nadie, salvo por las consecuencias negativas que pueda generar en su relación personal con ellos, le aflojaba las rodillas.
No se sentía nada bien, quería dormir profundamente, prolongadamente. Pensar en como terminar de sacarse una terrible mochila que parecía soldada al cuerpo o, mejor dicho, a la mente.
Es muy duro, volver a tomar conciencia, que lo que hiciste es intrascendente para demasiados que no lo vivieron. Te pega en la mandíbula como un cross de Tyson.
El golpe de remate era la verdad de lo dicho.

lunes, 23 de junio de 2014

Algo va a salir

Constipado Flores vivía de sufrimiento en sufrimiento. Llevando en sí, una carga genética familiar, padecía cada mañana la certeza de su nombre.
La sabiduría de su padre, de familia oriental (de la Banda Oriental, no un chinito del otro lado del mundo) trasladado a estas pampas era reflejo de su propia experiencia y por eso la razón del nombre de su párvulo.
El párvulo, el susodicho Constipado, se transformó en hombre a fuerza de años y constipaciones.
No importaba cual fuese su alimentación, que en algunos casos conocidos y urgentes, hubiesen generado reacciones en usuarios de intestinos de respuesta standard que hubiesen superado la velocidad del cheetah hembra en cacería, y que a aquellos de tránsito ágil los hubiera hecho romper la barrera del sonido.
¡Válgame Dios!, era su letanía matutina apenas sentía algún indicio de motilidad intestinal. La certeza del próximo padecimiento lo atormentaba mientras resignado, que debería haber sido su segundo nombre, se dirigía al mal llamado trono, ya que para él era equivalente a la silla del garrote vil.
La paradoja del hecho es que, para poder conseguir el objetivo deseado, necesitaba concentrarse. El silencio debía ser profundo. Era por eso que muchas veces esperaba a que nadie quedase en casa para no tener que luchar contra otro elemento además de su maldito intestino grueso.
Al primer atisbo de inicio de evacuación, las características propias de aquellos que calificaban en la categoría que había originado su nombre, lo distraían de tal íntima tarea.

Una sensación de impotencia ante la reiterada ocasión, lo sacudía internamente. Impotente de resolverlo por propia fuerza, ya que hacer fuerza le hacía lagrimar las entrañas y tenía dolorosas y prolongadas experiencias.
En su sabiduría de sentada y sentida experiencia,deseaba poder mover su intestino anestesiado.
Las lágrimas de los ojos eran acompañadas por lágrimas de sangre que recolectaba pacientemente el inodoro. Con la malva en un hato, la tenía cerquita del bidet, quien ya tenía marcadas las aperturas de las dos canillas para una mezcla correcta y aliviadora de su pobre caño de escape.
Así transcurría su primer tercio de la mañana, sentado esperanzado en que el sufrimiento fuese leve y corto. No siempre su intestino lo acompañaba en tal esperanza. Eso si, amplió sus conocimientos porque entre tanda y tanda leía ávidamente como para transportarse a otras situaciones y olvidarse de lo que acontecía en su sentada y sentida realidad.

Esta mañana venía particularmente complicada, después de varios días de franca constipación, Constipado sintió el retortijón del despertar de su intestino grueso. sintió como si estuviese desperezándose un oso dentro de su abdomen.
La cosa venía dura. Literalmente. Había que ponerle el pecho a las balas y el tujes... a lo que tenía que salir ...



miércoles, 11 de junio de 2014

Moderación Acuña

Hijo de Don Prudencio y Doña Resurrección, había nacido en la campiña de la Banda Oriental. Familia de vieja data en la zona sus integrantes eran medidos y respetuosos de los demás, todo lo hacían en la forma adecuada. Ni muy poco, ni muy mucho, lo justo, siempre prudente y moderado. 
No era familia de altibajos ni marcadas oscilaciones, todos parejitos en su conducta, y en su altura que por ser, obviamente moderada, no eran reconocidos por ella, ni tampoco por petisos.
Curiosamente, Moderación, el tercero de los hijos de Don Prudencio y Doña Resurrección, casi el último de los 4 hijos que tuvieron, como si hubiese sido una advertencia de Resurrección a Prudencio, había encontrado una veta interesante en el pueblo del departamento de Durazno, en el centro de la campaña Oriental.
Resultó ser que el médico del pueblo era un hombre no demasiado propenso a los excesos. Se le asignaba un parentesco lejano con los Acuña.Don Eleuterio Espinosa, médico de familia, cuidaba con mucha dedicación a sus pacientes. 
En ese pago y en esa época, no había hospital próximo  como para llegar en poco tiempo cuando se producía una emergencia o una dolencia grave, así que el Dr. era particularmente dedicado, con perspicaz motivo, a la prevención. “Cuídese, don Washington, hay que ser moderado en las comidas”, decía el galeno. Como en pueblo chico, el infierno es grande, el Dr. Eleuterio Espinosa se enteraba de todo y guay de aquel que le mintiese.

En un pueblo en el medio del campo a mediados del siglo XX, muchas cosas para divertirse en sano esparcimiento no le había. De ahí que pululasen varios boliches en el pueblo donde se jugaba a las cartas, algún garito clandestino y un par de reñideros de gallos que  matizaban el tiempo libre de los hombres en el pago del Yí.
Sabido es que ninguna de esas actividades se hacía con riesgo de deshidratarse, por ello el alcohol corría, con cierta desmesura, en dichos antros de perdición, según la definición del único cura católico en decenas de kms a la redonda. Inocultable es la tendencia poco clerical de los hermanos Orientales con lo que mucha atención al cura, no le daban.
Eso si, al Dr. Eleuterio, difícil era esquivarle el bulto porque la próxima visita a su consultorio, si te encontraba en un renuncio, la consulta se ponía como su apellido: Espinosa.

Pacientes pícaros hay en todas partes, pero este en especial, era creativo. Como se hizo un pacto de silencio al respecto, obviaremos su nombre en este breve relato.
El caso es que se difundió la idea y varios parroquianos, aprovechaban la visita de Moderación a los boliches y lo invitaban a su mesa. Pasaba así el aburrimiento pueblerino entre copa y copa.
Así, en la visita al consultorio, Eleuterio Espinosa recibía de muchos de sus pacientes, con sincera verdad, siempre la misma respuesta: “Doctor: Alcohol siempre con Moderación...”

miércoles, 2 de abril de 2014

Disgresiones de un mal día (viejo y reencontrado)

Malditos los momentos de meditación,
ya que me doy cuenta de mi dimensión humana,
que no es lo mismo que mi  humana dimensión.

Maldito el momento en que a alguien se le ocurrió,
que el trabajo era el castigo por el pecado original, porque es cierto.
Maldito el momento en el que no me dí cuenta
que la oportunidad pasaba ya que,
todo se revierte, salvo el transcurso del tiempo.